lunes, 11 de enero de 2010


Hoy quiero contaros un cuento que nos solía contar mi padre a mis hermanos y a mi cuando éramos pequeños y que a mi se me quedó grabado. No se quien será su autor (si alguien lo sabe, le agradecería muchísimo que me dijera su nombre). La historia más o menos es así:

LA NECESIDAD

Érase una vez un panadero que vivía en un pequeño pueblo en las montañas de León. Por aquella época no existía otro medio de locomoción que no fueran los carros tirados de bueyes, caballos o mulos y eso lo tenían los más ricos, “nuestro panadero” no estaba entre ellos y solo tenía un burro, así es que cuando tenía que ir al molino a por harina se llevaba el burrito y le cargaba los sacos que buenamente podía.
Sucedió que un día se había quedado corto de harina y la necesitaba con urgencia pues venían las fiestas del pueblo y tenía que abastecer a todo el pueblo para esos días, el hombre solo contaba con la ayuda de su mujer y sus dos hijos, entonces pensó en enviar a uno de ellos al molino por un saco más de harina. Como el hijo mayor le hacía mejor papel en la panadería, pensó que el pequeño que tenía unos catorce años podría de sobra ir con el burro al molino pues allí le ayudarían a poner el saco de harina sobre el animal y total estaban a dos kilómetros de distancia. Y así se lo dijo al chico, el cual nunca había ido él solo con el burro a por harina.

- Pero padre y si me ocurre algún percance ¿Qué haré?
- ¿Qué percance te ha de pasar, hijo? No tendrás ningún problema, muchacho y si por casualidad así fuera “llama a la necesidad”
- ¿A la Necesidad?
- Si hombre, ella te ayudará.
- ¡Vale padre!

El chico se quedó más tranquilo y para allá fue. En el molino le cargaron el saco encima al burro y se puso de regreso a casa. Cuando ya llevaba un poco más de medio camino, dio la casualidad de que se les cruzara un conejo y el burro se espantara y frenara en seco y por consiguiente, el saco que no iba bien atado cayera al suelo. “Gracias que el burro no haya echado a correr” pensó el muchacho. Entonces fue a coger el saco de harina, pero el pobre no consiguió levantarlo más de un palmo del suelo, a pesar de que lo intentó varias veces. Y acordándose de lo que su padre le había dicho empezó a llamar:
- Necesidad, Necesidad.

Allí nadie venía, y él seguía…

- Necesidaaaad, Necesidaaaaaaaaad,
- No sé quien será esa, pero aquí no viene nadie (se dijo así mismo en voz alta)

Miraba por todos los sitios a ver si aparecía La Necesidad, y mientras lo hacía vio que al borde de la carretera había como una especie de cuneta, así es que se le ocurrió bajar al burro allí y así estaba más o menos al nivel de la carretera, luego arrastró el saco de harina hasta colocarlo encima del animal y lo ató fuertemente y se fue tan contento.

Cuando llegó a su casa, su padre le preguntó.
- ¿Qué tal hijo? Veo que todo te ha ido bien.
- No padre, no del todo.
- ¿Y eso?

Y le contó la hazaña.

- Y venga a llamar a La Necesidad y allí no apareció.
- Te equivocas hijo. La Necesidad vino en tu ayuda.
- Que va padre, si no hubiese sido por la ocurrencia que tuve….
- Hijo, mío esa fue La Necesidad. Cuando tenemos dificultades en la vida, y necesitamos ayuda entonces nuestra cabeza empieza a trabajar, a pensar, y a buscar el modo en que podemos salir de ese problema. No olvides nunca llamar a La Necesidad cada vez que te surjan dificultades en la vida, sean del tipo que sean.







1 comentario:

  1. Me ha gustado mucho, ya se que es un cuento y no un chiste, pero a mi me daba la risa de imaginarme al hijo llamando a la necesidad a gritos... jeje
    Es muy bonito, te animo a escribir otros que recuerdes =) Un besazoo
    Lu

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